Buenas, está llegando Marzo. Más bien, está pasando Marzo y todavía
tenes esos kilitos de más producto de los helados, churros costaneros, comida
chatarra y todas esas cosas por las que una no se priva en vacaciones.
Viste que es raro pero las mujeres nos pasamos el año cuidándonos
de no engordar o tratando de adelgazar. Siempre con alguna excusa. Me tiene que
entrar el traje de baño, me tiene que entrar este jean de hace 18 años. Lo malo
es que siempre nos cuesta lo mismo. Hacer gimnasia y dieta para adelgazar.
La vuelta de las vacaciones es terrible. Una se pasó los
tres meses anteriores cuidándose de las tentaciones y asistiendo a clases de
gimnasia (luego abandonadas) para perder la cordura ante el primer puesto de
choclos en la playa. Y después vienen las tortas fritas y churros, la
hamburguesa y el pancho. Y cuando te queres acordar ya tenes todos esos kilos
con los que empezaste o tal vez más.
Una vez que estás en la playa ya no te importa mucho cuidarte.
Es como que ya llegaste, te entró la maya, suficiente. No jodan más! Y ahí es cuando le entras a todo lo que
venga. Paellas, pizzas, pochoclo. Todo lo que ves te lo queres comer. El helado
a la noche es como rezar el padre nuestro, todas las noches sin excepción.
Lo peor es que a la vuelta de las vacaciones que pasa? Tenes
que ponerte un pantalón y no te entra. Encima cuando te lo probas decís: se
achicó, se encogió en la última lavada, qué paso? De repente te quedas ahí mirando
tus piernas gordas y como haces fuerza para que entre ese miserable que por
alguna razón no quiere entrar.
Ponele que conseguís ponértelo, te sentís amatambrada. Como
un fiambre embutido a punto de reventar. Sabes que ese botón puede cometer un
crimen en cualquier momento. Y lo peor de todo, olvídate de agacharte o
moverte. Con ese pantalón tenes que caminar sin flexionar las piernas y
sobretodo sin respirar.
Lo peor de notar que engordaste no es con la postura de un
jean solamente. Sino a la hora de volver a comprar ropa. Otra vez te das cuenta
de que no entra en el probador. Y esas luces que te dan en la frente te
achuran. Porque las gordas traspiramos de más. No me pregunten por qué pero es
así. Una gorda camina media cuadra y ya te chiva como si hubiera corrido una maratón.
Lo malo de la gorda es que el bigote de sudor la delata. O la
falta de respiración cuando entras al subte. Es insoportable, te sentís gorda y te excusas con: “estoy inflamada”, “estoy
hinchada”.
Chicas, no existe tal hinchazón, no nos hagamos las boludas.
Estamos gordas. Y lo mejor para solucionarlo que es? Hacer promesas vanas que
luego morirán en el intento. Por ejemplo: El lunes empiezo la dieta estricta,
pero bien estricta. Ah y gimnasia! Si si la gimnasia hace bien, no puede
faltar, basta de helado, basta de fritangas, basta de todo. El lunes vida nueva…
Y una se lo cree. Esa mentira se la cree! Está ahí disfrutando
del “último” pancho, la “última tentación dulce”...porque se supone que el
lunes, te convertís en otra.
Quiero decirles que nada de esto pasa. El lunes llega y nos
encuentra “hinchadas” otra vez, nos sentimos pesadas, nos duele la panza de
todo lo que morfamos, otra vez la ropa maldita que no entra. Pero bueno vamos a
empezar con “la promesa”.
Estamos en el desayuno, todo bárbaro. Hasta ahí la dieta se
cumple al pie de la letra. Infusión con tostada con queso descremado y todas
esas cosas light que uno puede comer. De repente a media mañana o al mediodía ya
estamos con hambre. Primer problema. Si estamos en una oficina, olvídense de ir
a comprar ensalada y gastar fortuna en dos hojas verdes y un tomate. Si pedimos
tenemos que pedir algo “livianito”. Por lo general confundimos livianito con
poco. Y terminamos pecando con una empanada o una porción de tarta. La tarta es
tramposa. Parece light pero está hecha con aceite, manteca, salsa blanca,
verdura, y masa. O sea. Harinas.
Primer pifiada adentro. Ahora si no trabajas y estás en tu
casa, pasa lo mismo. Porque estás ahí y sabes que no quieres comer ensalada. Y si
la comes seguro vas a sentir que tenes que comer una galletita dulce o algo
como para sentirte plena. Qué difícil es cuidarse.
Bueno si resistís esa tentación, ya es in golazo. Ahora viene
el temita de la actividad física. Sabes que tenes que hacer gimnasia pero te da
calor, te cansa, no tenes ganas, te duele algo. Siempre una excusa para no
hacer gimnasia.
Empezas diez minutos en la bicicleta fija. Te sentís agotada,
queres morir. Miras el tiempo y no se
pasa más. Para mí es a propósito. Nos gusta sufrir. Viste que cuando miras la
novela se te pasa volando el tiempo. Pero
acá es distinto, el minuto dura una eternidad.
De a momentos sentís que las piernas son de goma y no das más.
Ponele que llegaste a hacer cuarenta minutos. Considérate plena si llegas. Porque
en el medio ya te acalambraste, te falto al aire y llegaste con la última gota
de nafta.
De repente sentís que sos toda una deportista. Porque hiciste
solamente 40 minutos de caminata intensa. Ni siquiera trotaste, no corriste. Pero
ahí estas vos diciéndote mentiras: bien lo logre! Hice deporte!
Y eso es la muerte, porque es ahí cuando te empezas a dar
gustos porque ahora sos “deportista”. Entonces decís: bueno me como una
ensalada de fruta porque hice gimnasia tengo que reponer energía, bueno me como
una milanesa porque tengo que reponer energía, bueno me como una ensalada
porque tengo que reponer energía.
Y ahí vas sumando sumando sumando y resulta que esos 40 minutos de gimnasia no sirvieron
para nada. Otra vez estás vos ahí, consumiendo comidas light tratando de
engañarte pensando que no engordan, pero todos sabemos que el exceso engorda.
Así es como tú lunes termina deprimido y el martes tiras
todo por la borda. O seguís con ese ritmo durante una semana que es lo máximo que
alcanzas para hacer una dieta. Después de la dieta viene la otra mentira
obligatoria que te decís: bueno está bien, el lunes arranco pero “cuidándome”.
“cuidarse” es como el pase libre a comer de todo sin medida.
Es la previa al boliche. Es el pre derrape. Así que no te deprimas. Cuando te
pase, podes reemplazar el: “el lunes me cuido” por “el lunes empiezo la dieta
estricta, sí.
Y así podes engañar a tu estomago un par de semanitas hasta
que empieces a ver más cercano ese pantalón que antes no entraba y también vas
a ver como tu silueta empieza a recuperar si forma natural. Cuesta cuidarse
pero no hay nada más lindo que llegar a la meta, aunque te caigas doscientas
veces. Lo importante es no dejarse vencer.
Las dietas se rompen, lo que no puede romperse es un pantalón
porque ahora ya no te entre. Lo importante es seguir intentando…persevera y
triunfarás dice el dicho…bueno. A seguir intentando que tenemos que vernos
bella para el verano (tenemos un año de ventaja).

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